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El sueno de la razon produce monstruos

Francisco José de Goya y Lucientes

(Fuendetodos, Saragozza, 1746 - Bordeaux, 1828)
?No tengo ya vista, ni pulso; no tengo pluma,
ni tintero; pero me sobra con la voluntad
(me queda sobrada voluntad)?
Goya

 

El sueno de la razon produce monstruos

GOYA E IL SONNO DELLA RAGIONE

"Goya nacque in un piccolo paese vicino Saragozza, Fuentetodos, nel 1746: la sua era una modesta famiglia, il padre era un mastro doratore, e quando nel 1763 si trasferì a Madrid aveva una formazione artistica piuttosto sommaria con modelli derivati dalla pittura italiana, per lo più napoletana. Il suo maestro era stato Luzán, che si rifaceva a Solimena. Contemporaneamente in Spagna erano attivi famosi pittori quali Giaquinto e Mengs. Quest'ultimo era già stato in Italia dipingendo il Parnaso sulla volta del salone di Villa Albani a Roma. Ed è probabilmente al seguito del Mengs che Goya venne in Italia tra il 1770 ed il 1771, con una teoria artistica molto prossima al Giaquinto: per il concorso a Parma realizzerà l’Annibale che attraversa la Alpi, ottenendo un buon secondo posto insieme al Borroni, sicuramente più ossequioso ai dettami formali ed accademici. E saranno proprio le regole accademiche quelle che Goya tenderà sempre a non seguire, anche quando nel 1780 diventerà Accademico di San Fernando e poi, nel 1795, direttore di Pittura della stessa. Le sue sono regole tutte personali, si tratta di libertà ed originalità, con l’immaginazione che vaga alla ricerca di nuove vie espressive, una sorta di espressionismo pittorico ante litteram, lasciando da parte ogni divagazione stilistica che impedisca la realizzazione di un’immagine più reale per lasciare spazio ad un’identità creativa ricca di capriccio e di libera invenzione. Di ritorno dall’Italia dovette conoscere Poussin e Vouet: nel 1773 conosce e sposa Josefa Bayeu, sorella di Francisco, pittore di non poco successo, grazie al quale realizza i cartoni per gli arazzi della manifattura reale di Santa Barbara.

Ma sarà probabilmente la malattia che lo colpirà nel 1792, lasciandolo poi sordo, a fare di lui uno degli artisti più famosi dell’epoca: si accentua questa sua percezione personale della realtà che parte dal sogno per approdare dopo infiniti voli pindarici alla realtà vera, senza l’imposizione di canoni ma sempre alimentata dalla fantasia e dalla libertà di scelta nei confronti dei temi, per lo più frutto della fantasia stessa dell’artista.

Del primo periodo dell’artista fanno parte opere quali i cartoni per la sala da pranzo dei principi delle Asturie al Prado, con dipinti freschi da ogni punto di vista quali L’Ombrellino (Quintasol) ed il Venditore di Vasellame (El Carrachero), con i loro colori luminosi, frutto dello studio delle opere francesi e dei dipinti realizzati dal Tiepolo e dal Giordano. Del 1783 è la Famiglia dell’Infante Don Luis, con evidenti riferimenti all’opera del Velazquez, mente lo studio del re all’Escorial viene affrescato con una serie di scene "campestri e gaie", così come aveva voluto il re stesso: ne fa parte El Pelele (la Marionetta).
Alla fine degli anni ’90 è pittore ufficiale di corte: realizza la serie di stampe dei Capricci, dove Goya smarrisce la gioia dominante in opere simili realizzate ad esempio dal Tiepolo sopprimendola con colori scuri, fantastici ed irrazionali. Addirittura ritrae se stesso nel 43° capriccio mentre ha il capo poggiato su un solido basamento, metafora dell’ordine del mondo, ed è scosso da incubi notturni: è il "sonno della ragione che genera mostri". Della stessa epoca la Famiglia di Carlo IV, il ritratto della Contessa di Chinchón, le Majas (vestida e desnuda), il Ritratto della marchesa di Santa Cruz come Euterpe.

Almalinda Giacummo

 

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Los Desastres de la Guerra


"La violencia en sus diferentes formas, como manifestación de la sinrazón, es uno de los aspectos más notables en la obra de Goya. Fueron precisamente los sucesos acontecidos durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) los que llevaron a Goya a efectuar una reflexión enormemente crítica e innovadora sobre la guerra, sobre sus causas, brutales manifestaciones y consecuencias. No solo la impresionante serie de los Desastres, sino también las pinturas que sobre este tema realizó en aquellos años, y las posteriores que efectuó sobre los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid, presentan una visión radicalmente distinta a la del resto de sus contemporáneos, decantados a uno u otro lado de los bandos contendientes, y realizadas con claros fines propagandísticos y conmemorativos.

Mísera humanidad. La culpa es tuya! Escribe un lobo en el Desastre 74 Esto es lo peor. La frase, tomada del texto contemporáneo a Goya de Giambattista Casti, Los animales parlantes, podría reflejar con bastante exactitud el estado de ánimo del artista en los años de la Guerra de la Independencia -que supusieron la ruina material y moral de España- y en los inmediatamente posteriores protagonizados por la reacción absolutista de Fernando VII -que acarrearon la pérdida de gran parte de los avances conseguidos con tanto esfuerzo por los liberales que redactaron la Constitución de 1812.

La sensibilidad de Goya ante estos acontecimientos produjo no sólo su mejor serie de estampas, sino un monumental grito contra la violencia en sus diferentes formas, que no reconoce justificación alguna, y que gracias a lo magistral de su tratamiento técnico, formal y conceptual permite al espectador contemplar imágenes inherentes a toda guerra.

La genialidad de la obra de Goya, tantas veces repetida, lo es no sólo por su evidente calidad, sino también por la enorme distancia que la separa del resto de la producción artística del momento. Si alguien reflexiona sobre el uso de los recursos técnicos, la composición de las escenas y el valor ético de las imágenes, ese es precisamente Goya. Frente a las imágenes heroicas y aduladoras, Goya presenta la violencia y la muerte en sus más puras expresiones. Las obras de Goya de contenido bélico no muestran a los héroes militares o populares que lucharon contra los franceses, de todos conocidos gracias a las publicaciones y a las galerías de retratos grabados ampliamente difundidos en la España de su tiempo. Ni tan siquiera nos presentan hechos concretos acaecidos en lugares determinados. Por el contrario Goya nos muestra, partiendo de acontecimientos reales, la esencia de los mismos, la representación universal del heroísmo, la brutalidad, el hambre, la desesperación, la destrucción, pero sobre todo la muerte. Y todo ello protagonizado por el pueblo anónimo, verdadera víctima de la guerra. El pueblo al que mostró atacando a los mamelucos en el cuadro del Dos de Mayo en Madrid, o al que representó muriendo víctima de la represión francesa en los fusilamientos del Tres de Mayo.

El dos de mayo de 1808 el pueblo de Madrid, instigado por algunos sectores de la nobleza y la iglesia, se levantó en armas contra las tropas napoleónicas que ocupaban, desde principio de año, las principales ciudades españolas. Como consecuencia, las tropas francesas ejercieron una brutal represión, que no haría sino generalizar los levantamientos populares al resto de las ciudades de la Península, que no tardaron en ser doblegadas por los ejércitos imperiales. Zaragoza padeció uno de los más feroces asedios al tiempo que realizó la más heroica de sus defensas. Entre el 14 de junio y el 14 de agosto de 1808, la ciudad mandada por el general Palafox, sufrió un primer asedio que pudo resistir, sangrienta y quizá innecesariamente, a juzgar por las terribles consecuencias que supuso para su población. En octubre de ese mismo año, Palafox mandó llamar a Goya junto a otros artistas para "ver y examinar las ruinas de aquella ciudad, con el fin de pintar las glorias de aquellos naturales". Es evidente que la ruina y desolación que Goya pudo observar durante su estancia en Zaragoza hubo de causar una honda impresión en el pintor. La coincidencia temática de muchos de los primeros Desastres con las relaciones impresas de lo acontecido en la ciudad, así como otras estampas inspiradas en estos mismos acontecimientos ponen de manifiesto el interés de Goya en estos sucesos; no tanto en dejar constancia de hechos concretos, sino de captar la esencia de los mismos. No en vano, las primeras láminas de los Desastres están fechadas en 1810, tal y como dejan constancia grabada tres de ellas; es decir, solo un año después de lo visto en Zaragoza."

José Manuel Matilla

 

El 2 de mayo

El 2 de mayo

Representa los rebeldes españoles atacando a la guardia napoleónica

 

 

El 3 de mayo, 1808
El 3 de mayo, 1808

Muestra la inhumanidad de las ejecuciones
la luz viene de la linterna
iglesia oscura
cuerpos llenos de sangre
víctima desamparada como Cristo
ausencia de colores


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Los caprichos de Goya

"La humanización del arte de pintar -arte poético y no histórico, esto es, revolucionario y no evolutivo-, es la primera verdad, disparatada y caprichosa, de nuestro Goya; la que caracteriza su pintura como pura voluntariedad; como capricho. Como pura representación, la pintura de Goya es siempre disparatada, caprichosa. Como pura voluntariedad es asombrosamente exacta, justa, precisa, creadora; inventiva; fantástica. Monstruosamente genial.

Los monstruos más disparatados y caprichosos de toda la pintura goyesca son probablemente sus retratos. (La Chinchón. María Luisa. Las majas.). Cualquiera.

La voluntariedad de nuestro Goya se expresa con la misma fuerza, o quizás con más, cuando lo hace con delicadeza extremada; con aparente suavidad.

Goya es la revelación de nuestro pueblo. Su verdad que salta a los ojos. Por eso ahora lo vemos tan claramente. El pintor se vuelve contra sí mismo, o se revuelve contra su propio ser, para traspasarlo de apetencias vivas, de verdades claras.

Las verdades más claras de España son las populares que nos pintó Goya. No hay pintura más clara para los ojos, como para el entendimiento -para el entendimiento humano de lo español- que la oscura y clara, la negra o roja, blanca o coloreada, del enorme Goya. Si no es, andando el tiempo, la del no menos caprichoso y disparatado Picasso. Y preguntamos con Alberti: ?¿Qué pensaría Goya de Picasso? / ¿Lo que piensa él de Goya?"

Francisco Arias Solís

 

Entre 1800-1801 realiza también varias obras para el valido Godoy, entre ellas posiblemente las célebres Majas y la Condesa de Chinchón, la más tierna de todos sus retratos de mujeres, en lo cual el rostro infantil y la anchura frágil de los hombros se contrasten con el traje expansivo y hermosamente pintado.

 

Maja desnuda

Maja desnuda

 

Maja vestida

Maja vestida

 

La nevada

La nevada

 

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Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), nacido a mediados del siglo XVIII, es una de las figuras cumbres de la pintura española y universal de todos los tiempos. Su obra, muy difícil de enmarcar en un estilo artístico determinado, tiende un puente entre la tradición clásica y la modernidad. En este fragmento se analiza su situación histórica y las razones por las que su pintura marca un punto de inflexión en la historia del arte. Nace en la localidad aragonesa de Fuendetodos, situada a 50 kilómetros al suroeste de Zaragoza, Francisco de Goya y Lucientes, uno de los seis hijos que tuvo el matrimonio formado por José Goya, maestro dorador, y Gracia Lucientes, de familia hidalga y propietaria de tierras.

La vida de Goya transcurre a lo largo de ochenta y dos años durante los cuales la historia europea sufre convulsas transformaciones que suponen el final del Antiguo Régimen y el nacimiento de la sociedad contemporánea. Este proceso, del que nuestro artista fue privilegiado testigo, fue además especialmente violento en nuestro país, que conoció desde los apacibles días del reinado de Carlos III hasta los oscuros momentos de la represión fernandina, uno de los periodos más turbulentos de su historia. De la misma manera Goya pudo asistir a profundos cambios en la evolución del arte europeo, desde las fases finales del barroco dieciochesco hasta la floración del estilo romántico, del que el genial aragonés será uno de sus más claros precursores.








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